28 de junio de 2011

Al verde, verde melón

En nuestra última conversación virtual, aparte del correspondiente y tú cómo estás, me hizo tres preguntas directas, tres. Qué contenta me puse durante un par de horas, que si cuánto tiempo estaré lejos, que si volveré a estar cerca, que si tengo intenciones de seguir alejándome. Después, en vivo y en directo, nos hemos dado dos besos y me ha formulado varias más de la misma índole, aunque no recuerdo cuántas al estar tan atenta al olor que desprende y a lo mucho que se me arrima. Estoy por hacer una fiesta.

Antes casi nunca me preguntaba de forma directa y llegué a reprochárselo escupiendo mi impotencia. Ahora enlaza una pregunta detrás de otra, con aparente interés y con soltura, sabedor de que no se me sube a la cabeza principalmente porque no sé dónde la tengo. Después Bea me comentó lo que habíamos visto todos dada la nitidez de los hechos: casi la arolla en su afán de venir a saludarme.

No aspiro a gran cosa, quiero volver a sorprenderle observándome y, por qué no, también quiero que pase la noche conmigo. Aunque follásemos poco y mal, me gustaría mucho y que volviera a estremecerse mientras me besa, como antaño se estremeciera o estremeciese. Ya no son los veranos ni los besos como entonces, largos y estupendos.

Aunque todo o nada cambie, aunque regrese la ansiedad y la prisa por irme, y aunque sigamos viviendo noches en las que no hablamos, la esperanza aquí sigue.

1 comentario:

Coco! dijo...

Hace como dos vidas no se de ti, yo andaba en algún otro lado, regresé, o eso creo, intento revivir lo que escribía en 360, pero hace tanto de eso... ahora en cambio de pronto pienso algo y lo escribo... busqué en los recuerdos y llegué hasta aquí, preguntándome si tu me recuerdas. Quizá debí empezar con un "Hola, tenía muchas ganas de saludarte".

Sigues hablando de esperanzas.

Coco