20 de abril de 2017

El cerezo en flor dentro del cuerpo

Estoy más tranquila, la fiera que llevo dentro se ha cortado las uñas.

Ahora me llama más a menudo, me dice cosas como hay que encontrar una casa y ya no me importa no entender a los demás. He perdido mucho tiempo en entender que los demás no importan, son el resto.

Todo fluye; nuestra conversación, los besos y mi sonrisa al descubrir La ley innata sonando en el cd de su coche.

Está más cerca el momento de pedirle más y no sé cómo hacerlo. No tengo miedo, quiero y espero que todo salga bien. Se acostumbró a mi queja y no sé pedir sin quejarme. Tendré que perder el tiempo pensando en el cómo y en el cuándo.

7 de abril de 2017

No hay sultán más feliz que yo ni mendigo más pobre

Creo que él me escucha. No me escuchan apenas, lo valoro mucho.

Quiere lo mejor para mí. Estoy segura, lo ha demostrado varias veces.

Pero, siempre ha de haber un puto pero, entonces no entiendo por qué este vernos tan lento y este acostarnos tampoco y tan poco. Y entonces, para responderme, me digo una y otra vez lo puta que soy y la poca paciencia que tengo. Yo, minoría absoluta y puta. Me lo digo una vez y otra, para intentar mejorar, pero no sé si puedo.

Tengo ganas de él y de ningún otro, hambre de él y sed de él. No hay nada comparable a beber de la fuente de los deseos. Por desgracia él y yo no vivimos todavía en una isla desierta.

21 de marzo de 2017

Y vienen de Trabubulandia

Hace algunas mediodías que me preguntó por mi talla de pantalón pero en letra y desde entonces sonrío a la vida como nunca.

Y me hago preguntas. Si será un regalo y, de serlo, si serán rojos, verdes, negros, azules o amarillos. Si me van a quedar bien o si no me van a gustar. Después me contesto que me van a gustar mucho y que pienso conservarlos como oro en paño.

Desde su pregunta nos hemos vuelto a ver. Pasé con él la tarde y parte de la noche y no recibí pantalón alguno. Eso me hizo preguntarme si acaso asemejaba mi talla con la de otra persona, pero no se lo he preguntado. Ya con las dos entradas para el concierto guardaditas en una carpeta estoy tan contenta que nada más importa.

Pude comprobar, tanto por la tarde como por la noche, cómo me observaba mientras yo sonreía a diestro y siniestro. Otras veces, a su lado, no había reparado en esto. Esta vez estuve muy entretenida hablando con unos y otras por lo que tan pronto le sorprendía mirándome a dos metros o desde fuera, por la ventana, porque salía a fumar. Y era sereno su mirar, miraba por gusto.

Siguieron pasando las horas, cambiamos de sitio y antes de sentarnos a cenar con los demás me pidió que le llevase a casa porque no se encontraba bien. Habíamos hablado poco y en el camino me explicó que llevaba así un par de horas y no mejoraba. También dijo que había planeado pasar esa noche conmigo y que sentía no poder explicarme qué le ocurría.

Regresé y procuré hablar y beber con todo el mundo. Acompañaban mi sonrisa y no me dejaban pagar nada. Belén vino dos veces con prisas para llevarme con los demás a la mesa. La tercera vez vino Bea al ser mi diálogo con el Rufo, todavía la gusta aunque viva con otro y no me lo diga. Bebí tanto y hablé tan deprisa que Mario decidió conducir mi coche y no recuerdo nuestra conversación de vuelta. A la mañana siguiente tenía un mensaje de Él, preguntándome cómo había llegado y hablando de sus paseos obligados al retrete.

10 de marzo de 2017

Hay cosas en la vida que el dinero te quita leré leré

Me sonríe cómplice mientras hablamos con nuestro amigo común y con el Rufo. Al despedirnos me da un beso, cuatro, siete, muchos besos y me deja la sonrisa instalada en la cara hasta que me duermo.

La felicidad completa tarda pocas noches en llegar. Comienza cuando nos sirven banderillas de aperitivo junto a las cervezas y le indico que son la octava maravilla del mundo. La novena llega para colocarse sexta justo en el momento del milagroso gol de Sergi Roberto. Después seguimos bebiendo y con el ánimo rebosando acompaño su apoyo en las muletas hasta mi coche. Conduzco hasta su casa y al frenar le digo que me haría muy feliz que me acompañase el día de Extremadura al concierto del Robe en el teatro romano de Mérida.

-Sí, vale, cuenta conmigo!

No recuerdo mi reacción, se lo agradezco y creo que toco las palmas nerviosa y él entonces me besa tres, cinco, seis o siete veces. También me entrega su mechero porque no tengo. Le duele el tobillo y no tardo en marcharme. Tan sólo unos metros más adelante localizo esa canción del Puchero del Hortelano y a todo volumen llego a la carretera loca de contenta. Cuando me meto en la cama le escribo y vuelvo a darle las gracias.

26 de febrero de 2017

La fábula que iluminaba mi soñar

Roncaba en decubito supino y yo rodeé con mi brazo su cintura encontrando poros en su muslo izquierdo. Rasqué los poros con mis uñas y no se inmutó. Jugué con el poco pelo de su pecho y tampoco. Merodeé con mis dedos sobre su ombligo y entonces, en un movimiento que considero inconsciente, cogió mi antebrazo con suavidad y lo paralizó encima de su abdomen durante un rato. Me mantuve entretenida escuchandole durante más de dos horas con mi cabeza apoyada sobre su hombro derecho y su brazo extendido. Sólo cambié de almohada transcurrido ese tiempo cuando sintió que se le había dormido el brazo y me pidió recuperarlo, entonces no tuve más remedio que entregárselo.

Roncaba, pero era feliz pegadita a él. Su respiración, caliente, me abanicaba la cara y con su pie derecho a veces rozaba levemente la planta del mío. Me conté mil y un cuentos pasando la noche en vela, no quise dormir porque soñaba despierta. Huele estupendamente, no me canso de decirlo. Y esta vez, aparte de correrme como es habitual, también me dedicó un masaje dejando el nivel muy alto para la posteridad.

6 de febrero de 2017

Llévame en tu bicicleta

Y aunque no tenga razón en mis razones, son mías y en principio no contemplo otras. En muy sosegado tono de voz han de llegarme las demás para considerarlas y por suerte o por amor él me entrega varias más cada noche que ha de venir a aclarar las cosas.

Esta vez, tras explicarme y después explicarse él, llegó a decir que entendía que ambos habíamos malinterpretado el debate que mantuvimos mientras sonaba esa puta canción y que por eso nos habíamos sacado de quicio mutuamente. Pero después añadió que él también había pasado mala noche disgustado por ello y entonces pude recordar que, tal y como me pidió, al meterme en la cama le escribí diciendo que había llegado viva y en el colmo del dolor añadí que no volvería a molestarle. Él, sin embargo, contestó la mañana siguiente y sin entender mis razones.

El contenido del sueño que tuve hace un par de noches reflejaba esto que habita dentro de mí. Nunca he conseguido verle de forma nítida en sueños y esta vez ni siquiera aparecía. Estábamos juntos, pero ni estaba allí conmigo ni llamaba ni escribía ni daba señales de vida. Parecía tratarse de un día señalado pero no se presentó, mientras yo en el fondo le esperaba. Allí sólo aparecieron Julián y su hermano, que me hacían sonreír todo el tiempo aun echándole de menos.

2 de enero de 2017

Qué lástima pero adiós

Están cambiando las cosas aun habiéndonos visto sólo tres veces desde la última vez que escribí.

Me estoy dando cuenta de cómo la gente se aleja irremediablemente de allá donde alguna vez pertenecimos. Quizá estaba yo sola y no estuvieron conmigo ni fui capaz de verlo.

Él sin embargo no se fue nunca, aunque apenas esté, y soy consciente ahora escribiendo. Recuerdo aquellas espantadas suyas y soy capaz de entenderlas, después siempre regresaba. Otros se marchan y no volverán jamás.

Fran se va a casar cualquier jueves de este mes o del siguiente. No nos ha invitado. La novia no tiene amigos, motivo por el cual entiendo que no asistiremos los demás. Como amiga observadora pienso, sin temor a equivocarme, que no será la última vez que se case.