Tengo que encontrar la fórmula de cómo mentir a los demás sin levantar sospechas ya que morderme la lengua me está dejando secuelas.
Por otra parte, esto de ser invisible debe tener su lado bueno aunque todavía no lo encuentro.
Cada vez me parezco más a Juan Palomo y menos al pedazo de mujer que llevo dentro. Y es que vuelven a concretarse episodios en los que ambos estamos conectados pero yo no le hablo ni él a mí tampoco.
Ahora me dedico a inventar chistes tras los cuales mi risa hace eco. No entiendo nada y la estupidez se mueve demasiado rápido.
31 de enero de 2012
8 de enero de 2012
Yo me eché un remiendo yo me lo quité
Con el paso del tiempo se acortan las diferencias entre navidad y carnaval.
En las noches extravagantes de este año, las del 24 y 31, me dediqué a cogerme sinceras y nada desdeñables borracheras que procuraron alejarme de la no tanta multitud llevándome a la cama antes del amanecer, hechos que agradecí con posterioridad.
No he nacido para vivir lo que no siento, por lo que correspondí con entusiasmo la felicitación de aquellas personas con las cuales consideré necesario hacerlo felicitando con indiferencia al resto. En una ocasión comenté que muy probablemente esos días habría muertos en Belén y en casi todos los silencios cavilaba insistentemente ante la prevista e hipotética visita de Ángel. Finalmente, muertos ha habido varios pero visita ninguna. La visita de Luis Alfredo con sus hijos simplemente porque no me ha dado la gana.
Va a ser éste un año bueno, estoy segura frente a la persistente idea general de que será un año catastrófico. Me gusta pensar que esto será así. Esta tristeza acabará dando paso a ese aburrimiento que tan poco conozco, abriéndose después el porvenir de algo más fértil. No lo concibo de otra manera, las cosas han de ir mejor ya que no pueden ir peor.
A pesar de haber vivido anteriormente similares episodios de huida angelicales, son nuevos estos sentimientos de pesadumbre e interrogación. Y a pesar de haber estado hablando, una y otra vez, con las mismas personas siempre cabe la posibilidad de cambio.
En las noches extravagantes de este año, las del 24 y 31, me dediqué a cogerme sinceras y nada desdeñables borracheras que procuraron alejarme de la no tanta multitud llevándome a la cama antes del amanecer, hechos que agradecí con posterioridad.
No he nacido para vivir lo que no siento, por lo que correspondí con entusiasmo la felicitación de aquellas personas con las cuales consideré necesario hacerlo felicitando con indiferencia al resto. En una ocasión comenté que muy probablemente esos días habría muertos en Belén y en casi todos los silencios cavilaba insistentemente ante la prevista e hipotética visita de Ángel. Finalmente, muertos ha habido varios pero visita ninguna. La visita de Luis Alfredo con sus hijos simplemente porque no me ha dado la gana.
Va a ser éste un año bueno, estoy segura frente a la persistente idea general de que será un año catastrófico. Me gusta pensar que esto será así. Esta tristeza acabará dando paso a ese aburrimiento que tan poco conozco, abriéndose después el porvenir de algo más fértil. No lo concibo de otra manera, las cosas han de ir mejor ya que no pueden ir peor.
A pesar de haber vivido anteriormente similares episodios de huida angelicales, son nuevos estos sentimientos de pesadumbre e interrogación. Y a pesar de haber estado hablando, una y otra vez, con las mismas personas siempre cabe la posibilidad de cambio.
22 de diciembre de 2011
Con el corazón blandito, subiendo hasta lo más alto
Me ha tocado la lotería.
Ángel comenzó anoche su conversación conmigo a través del chat de facebook a las 00:39 y hasta las 02:10 no dio por concluida la misma. Pensaba que semejante hecho jamás tendría lugar, así que me dediqué a llorar de felicidad cerca de la 01:30 mojando tanga y teclado al mismo tiempo.
Aparte de dirigirse a mí, dice que se acercará a verme, quiere que le enseñe el olivar y me ha llamado guapa dos veces. Se muestra preocupado por las grandes cantidades de marihuana que ahora no me estoy fumando y se divierte, entre juegos de palabras, mientras observo cómo aumenta su velocidad de escritura sin ninguna prisa por irse a la cama.
Esta satisfacción no la producen cinco millones de euros ni sé cómo cantarla.
Ángel comenzó anoche su conversación conmigo a través del chat de facebook a las 00:39 y hasta las 02:10 no dio por concluida la misma. Pensaba que semejante hecho jamás tendría lugar, así que me dediqué a llorar de felicidad cerca de la 01:30 mojando tanga y teclado al mismo tiempo.
Aparte de dirigirse a mí, dice que se acercará a verme, quiere que le enseñe el olivar y me ha llamado guapa dos veces. Se muestra preocupado por las grandes cantidades de marihuana que ahora no me estoy fumando y se divierte, entre juegos de palabras, mientras observo cómo aumenta su velocidad de escritura sin ninguna prisa por irse a la cama.
Esta satisfacción no la producen cinco millones de euros ni sé cómo cantarla.
18 de diciembre de 2011
El cielo está aquí en la tierra
Puedes buscar en las estrellas
las soluciones,
buscar a dios y ver si hay vida
en planetas remotos.
Tener fe en el siempre jamás,
aunque cada uno tenemos dentro
el mapa del laberinto.
Y el cielo está aquí en la tierra.
Somos el espíritu,
la conciencia colectiva. Creamos
el dolor, el sufrimiento
y la belleza del mundo.
El cielo está aquí en la tierra.
En nuestra fe en la humanidad,
en nuestro respeto por lo terrestre,
en nuestra firme creencia en la paz,
amor y comprensión.
He visto y conocido ángeles
debajo del velo
de gente común y corriente
que lleva una vida
común y corriente llena de amor,
compasión, misericordia y sacrificio.
El cielo está en nuestros corazones,
en nuestra fe en la humanidad,
en nuestro respeto por lo terrestre,
en nuestra firme creencia en la paz,
amor y comprensión.
Mira alrededor, ten fe en lo que ves,
el reino está a la mano,
la tierra prometida está a tus pies.
Podemos llegar a ser y seremos
lo que anhelamos.
Sí, el cielo está aquí en la tierra.
Si tenemos fe en la humanidad,
respeto por lo terreno
y una firme creencia:
que la verdad es divina
y que el cielo está aquí en la tierra.
He visto espíritus, conozco ángeles,
he palpado creaciones
bellas y maravillosas.
He estado en sitios que me hacen dudar
de todo lo que pienso y lo que sé
pero creo de todo corazón
creo creo creo
que esto puede ser el cielo.
Hemos nacido dentro de las puertas,
dotados del poder de crear vida
y de quitarla.
El mundo es nuestro templo,
el mundo es nuestra iglesia.
El cielo está aquí en la tierra.
Si tenemos fe en la humanidad,
respeto por lo terrestre
y una firme creencia en la paz,
amor y comprensión.
Esto podría ser el cielo
aquí en la tierra.
Heaven's here on earth de Tracy Chapman
13 de diciembre de 2011
Si a un pero lo llaman manzana
Tengo un nuevo vicio que consiste en pensar varias veces al día que la gente es gilipollas.
Lo pienso todas y cada una de las veces que resuena el arrastre de sillas en la biblioteca. También lo pienso muchas de las tardes que salimos a fumar a la calle y nos juntamos más de dos, casi siempre que leo las noticias de facebook, cuando termino de leer los sms de Luis Alfredo o cada vez que tengo que repetir algo a quien no escucha. Supongo que cualquiera que lea esto pensará que yo también soy gilipollas y no está muy lejos de la verdad.
No estoy bien, no estoy bien. Estoy muy mal, estoy muy mal.
Una de mis compañeras de piso no deja de traer homosexuales a casa y es la primera noche, que no la última, que me traigo la cena a la habitación. No entiendo su idioma, esta nueva forma de hablar que han inventado repleta de politonos: ¿hola?, ¿perdona?, yo si no se qué no se cuánto paso. Albergo cierto odio dentro de mí, quizá porque maldigo mis propios veinticinco años y mis pocas ganas de entrar en zara.
Ángel ya cumplió los treinta y uno la semana pasada y no dejé de felicitarle en todo el día, pero ni me has contestado tú ni él tampoco. Por momentos deseo un precipicio sin muerte abajo para tirarme y, en otras ocasiones, me río hasta que me duele la barriga. La otra noche el Barça volvió a ofrecer un baño de fútbol en la castellana y no sentí gran cosa. Me tiene que llamar alguna que otro de mis hermanos ya que yo no llamo nunca a nadie.
Estoy muy mal acostumbrada, quizá debería pasar hambre o partirme una pierna.
He pensado varias veces en anarcosindicarme y sólo me lo impide el miedo a doblar la esquina, entrar en la sede y toparme con gilipollas del montón en el interior. Por contra, esta falta de amor propio y de sensatez me ha llevado hoy a la peluquería. Sigue existiendo en mí una especie de necesidad de encontrar a alguien con quien hablar de Siria o de Hugo Chávez sin que me entren ganas de matar, que es lo que me ocurre con un Fran que cada vez está más cerca de casarse y más lejos de mis preferencias de diálogo.
Me estoy habituando a la idea de permanecer sola el resto de mis días, dadas las circunstancias. No es algo que me preocupe, aunque sí es algo que voy viendo muy probable. Ojala no me falten nunca hermanos con los cuales despedir un año detrás de otro. Y como no puedo ser más estúpida, contemplo todavía la posibilidad de que algún día se me acerque alguien gratamente sorprendente para decirme que me ha estado observando desde lejos.
Nadie debería vivir en la miseria ni dormir por la noche sin haber fumado antes marihuana.
Lo pienso todas y cada una de las veces que resuena el arrastre de sillas en la biblioteca. También lo pienso muchas de las tardes que salimos a fumar a la calle y nos juntamos más de dos, casi siempre que leo las noticias de facebook, cuando termino de leer los sms de Luis Alfredo o cada vez que tengo que repetir algo a quien no escucha. Supongo que cualquiera que lea esto pensará que yo también soy gilipollas y no está muy lejos de la verdad.
No estoy bien, no estoy bien. Estoy muy mal, estoy muy mal.
Una de mis compañeras de piso no deja de traer homosexuales a casa y es la primera noche, que no la última, que me traigo la cena a la habitación. No entiendo su idioma, esta nueva forma de hablar que han inventado repleta de politonos: ¿hola?, ¿perdona?, yo si no se qué no se cuánto paso. Albergo cierto odio dentro de mí, quizá porque maldigo mis propios veinticinco años y mis pocas ganas de entrar en zara.
Ángel ya cumplió los treinta y uno la semana pasada y no dejé de felicitarle en todo el día, pero ni me has contestado tú ni él tampoco. Por momentos deseo un precipicio sin muerte abajo para tirarme y, en otras ocasiones, me río hasta que me duele la barriga. La otra noche el Barça volvió a ofrecer un baño de fútbol en la castellana y no sentí gran cosa. Me tiene que llamar alguna que otro de mis hermanos ya que yo no llamo nunca a nadie.
Estoy muy mal acostumbrada, quizá debería pasar hambre o partirme una pierna.
He pensado varias veces en anarcosindicarme y sólo me lo impide el miedo a doblar la esquina, entrar en la sede y toparme con gilipollas del montón en el interior. Por contra, esta falta de amor propio y de sensatez me ha llevado hoy a la peluquería. Sigue existiendo en mí una especie de necesidad de encontrar a alguien con quien hablar de Siria o de Hugo Chávez sin que me entren ganas de matar, que es lo que me ocurre con un Fran que cada vez está más cerca de casarse y más lejos de mis preferencias de diálogo.
Me estoy habituando a la idea de permanecer sola el resto de mis días, dadas las circunstancias. No es algo que me preocupe, aunque sí es algo que voy viendo muy probable. Ojala no me falten nunca hermanos con los cuales despedir un año detrás de otro. Y como no puedo ser más estúpida, contemplo todavía la posibilidad de que algún día se me acerque alguien gratamente sorprendente para decirme que me ha estado observando desde lejos.
Nadie debería vivir en la miseria ni dormir por la noche sin haber fumado antes marihuana.
5 de diciembre de 2011
Los secretos que hay en los libros que yo no leo
En esta biblioteca se respira un silencio enfermizo, que poco o nada tiene que ver con la dispersión de material radiactivo que se desprende de mis apuntes.
Tampoco tiene relación el blindaje con el amor, aunque una cosa me lleve a la otra. Podría desenamorarme, sí, y también podría enamorarme de otro pero no me da la gana.
Todo resultaría más fácil si la vigilancia operacional que encuentro impresa pudiera extrapolarse, si pudiese almacenar lo que he sentido como residuo radiactivo o si existieran generadores de olvido con toma de muestras y control de vivencias.
A esta biblioteca se viene a estudiar pero me faltan el interés y la periodicidad necesarias. El amor que le tengo rompió el nivel de riesgo y hace tiempo que traspasó los límites que anuncian la zona de permanencia limitada. No dispongo de los algoritmos apropiados para, a partir de las lecturas de área, asignar la dosis de amor recíproco que me corresponde y es por lo que no dejo de notificar a este blog tales circunstancias.
Cualquier miembro del público que no se encuentre expuesto a este tipo de radiación me aplicaría sin dudar la ley del inverso del cuadrado de la distancia o bien me obligaría a adoptar medidas de descontaminación, olvidándose de mis características como paciente y de que tengo muy claramente establecido el criterio de justificación.
Tampoco tiene relación el blindaje con el amor, aunque una cosa me lleve a la otra. Podría desenamorarme, sí, y también podría enamorarme de otro pero no me da la gana.
Todo resultaría más fácil si la vigilancia operacional que encuentro impresa pudiera extrapolarse, si pudiese almacenar lo que he sentido como residuo radiactivo o si existieran generadores de olvido con toma de muestras y control de vivencias.
A esta biblioteca se viene a estudiar pero me faltan el interés y la periodicidad necesarias. El amor que le tengo rompió el nivel de riesgo y hace tiempo que traspasó los límites que anuncian la zona de permanencia limitada. No dispongo de los algoritmos apropiados para, a partir de las lecturas de área, asignar la dosis de amor recíproco que me corresponde y es por lo que no dejo de notificar a este blog tales circunstancias.
Cualquier miembro del público que no se encuentre expuesto a este tipo de radiación me aplicaría sin dudar la ley del inverso del cuadrado de la distancia o bien me obligaría a adoptar medidas de descontaminación, olvidándose de mis características como paciente y de que tengo muy claramente establecido el criterio de justificación.
30 de noviembre de 2011
No se restar tu mitad a mi corazón
Conozco pocas cosas más estimulantes que visitar Barcelona ya que este hecho siempre abre la veda de las sorpresas continuas.
Antes de pisar el suelo de la estación de Sants desconocía que esta vez la ciudad me deparaba, además de otro gran partido de fútbol del mejor equipo en la historia de este deporte, una entrevista para el canal + japonés, el 75 homenaje a Buenaventura Durruti en el interior del cementerio de Montjuic y la devolución completa del importe del regreso en tren.
Me asombra el no mostrar el más leve síntoma de cansancio recorriendo calles que he transitado una y otra vez, en cualquier otra ciudad esto no ocurre. Sigue fascinándome el observar la casa Batlló, sobre todo su tejado, entender toda conversación en catalán que llega a mis oídos así como el desprenderme nuevamente de gramos y gramos de marihuana para entregárselos a un calvo y hacerlo con alegría.
JacK es un calvo inteligente, si no lo fuera tendría el blanco y el azul de sus ojos también en el carnet de socio. A media tarde llueve y JacK se moja, yo me mojo y todos nos mojamos pero poco importa teniendo diálogos en los que refugiarnos. JacK no quiere hablar ni fumar más de la cuenta, por lo que yo soy quien enciende y apura el último porro que me fumo dentro del estadio. Ambos llevamos media vida contabilizando pero ninguno de los dos menciona el balance 30-0 de la temporada de Liga en el Camp Nou, él se asemeja a los gatos que merodean la casa del pueblo y sabe cuándo relamerse. JacK, en definitiva, algún día será rico y desde la tribuna en platea los dos juntos veremos cómo Guardiola accede al palco mientras suena por megafonía Els Segadors.
Pero los acontecimientos gratamente sorprendentes no solo tuvieron lugar en Catalunya. Desde algún punto de la provincia de Jaén compartí vagón, besos y conversación con Jose quien continúa despertándome el instinto de aquí te pillo aquí te follo que todos llevamos dentro. Una vez reinstalada en Córdoba he sido capaz de estudiar más de tres días seguidos dentro de una biblioteca y, para colmo, hace dos noches Ángel me provocó el llanto y la risa por este orden y en tan solo unos minutos.
Supongamos que esta paz interior es la que me imposibilita narrar convenientemente cada uno de estos sucesos y no mi ansiedad ni mi egoísmo, por lo que concentrémonos en el último episodio que no es otro que la existencia de un ser capaz de matarme de amor y después resucitarme en cuestión de nueve minutos y medio.
Este ser no se inmuta si le digo que he estado en Barcelona, lo enfrenta comentándome que él ha vuelto de Sevilla y que está nuevamente en Madrid. Este ser no sabe que mataría al nuevo presidente de esta mierda de país si eso me asegurara el encontrarnos nuevamente allí donde tantas otras veces nos hemos visto, lo resiste manifestando brutalidades tales como
-ya estoy viejo para andar de fiesta
-ya no apetece salir tanto y eso lo va haciendo la edad
No sabe el daño que hace ni que estoy llorando tragándome los mocos y su ausencia porque se ha desconectado sin más dejándome una pregunta sin responder en el aire y la pantalla. Este ser desconoce, no le importa o no se cree lo mucho que le quiero ni que podría ser mucho más si se dejara. No entiende mis prisas ni mis ganas de acercarlo, se conecta de nuevo y lo neutraliza hablándome pero tardando más aún que otras veces en contestar. Quizá ni siquiera sospecha que sus muchas huidas me hacen rendirme ni que le quiero más de lo que nunca pensé querer cuando después digo
-bueno, ya veo que tampoco te apetece hablar, no hay problema.
Ni este ser ni ningún otro es capaz de descifrar lo que verdaderamente encierra una frase mía de este calibre tan lejos del reproche, por lo que me seco las lágrimas viendo cómo se desconecta de nuevo ante mis ojos y mi última pregunta mientras me digo en silencio que jamás volveré a interrumpir sus conexiones. Un par de minutos después yo también salgo del chat, porque lo último que pretendo es que aparezca un feo en ese momento dándome conversación.
Pero este ser, siempre ajeno a la discusión y el agravio, continúa en su hipotético plan de no dejar nunca de sorprenderme por lo que, mientras me hallo escupiendo mi disgusto aún frente a la pantalla, me envía el siguiente mensaje post desconexión despejando todas y cada una de mis dudas
-estaba en sevilla de todas formas hace mucho que no voy al F. no es que no me apetezca hablar es que he tenido que ir al servicio
Puro, natural, verdadero, auténtico, propio, acreditado, legítimo, real, en una palabra: genuino.
Antes de pisar el suelo de la estación de Sants desconocía que esta vez la ciudad me deparaba, además de otro gran partido de fútbol del mejor equipo en la historia de este deporte, una entrevista para el canal + japonés, el 75 homenaje a Buenaventura Durruti en el interior del cementerio de Montjuic y la devolución completa del importe del regreso en tren.
Me asombra el no mostrar el más leve síntoma de cansancio recorriendo calles que he transitado una y otra vez, en cualquier otra ciudad esto no ocurre. Sigue fascinándome el observar la casa Batlló, sobre todo su tejado, entender toda conversación en catalán que llega a mis oídos así como el desprenderme nuevamente de gramos y gramos de marihuana para entregárselos a un calvo y hacerlo con alegría.
JacK es un calvo inteligente, si no lo fuera tendría el blanco y el azul de sus ojos también en el carnet de socio. A media tarde llueve y JacK se moja, yo me mojo y todos nos mojamos pero poco importa teniendo diálogos en los que refugiarnos. JacK no quiere hablar ni fumar más de la cuenta, por lo que yo soy quien enciende y apura el último porro que me fumo dentro del estadio. Ambos llevamos media vida contabilizando pero ninguno de los dos menciona el balance 30-0 de la temporada de Liga en el Camp Nou, él se asemeja a los gatos que merodean la casa del pueblo y sabe cuándo relamerse. JacK, en definitiva, algún día será rico y desde la tribuna en platea los dos juntos veremos cómo Guardiola accede al palco mientras suena por megafonía Els Segadors.
Pero los acontecimientos gratamente sorprendentes no solo tuvieron lugar en Catalunya. Desde algún punto de la provincia de Jaén compartí vagón, besos y conversación con Jose quien continúa despertándome el instinto de aquí te pillo aquí te follo que todos llevamos dentro. Una vez reinstalada en Córdoba he sido capaz de estudiar más de tres días seguidos dentro de una biblioteca y, para colmo, hace dos noches Ángel me provocó el llanto y la risa por este orden y en tan solo unos minutos.
Supongamos que esta paz interior es la que me imposibilita narrar convenientemente cada uno de estos sucesos y no mi ansiedad ni mi egoísmo, por lo que concentrémonos en el último episodio que no es otro que la existencia de un ser capaz de matarme de amor y después resucitarme en cuestión de nueve minutos y medio.
Este ser no se inmuta si le digo que he estado en Barcelona, lo enfrenta comentándome que él ha vuelto de Sevilla y que está nuevamente en Madrid. Este ser no sabe que mataría al nuevo presidente de esta mierda de país si eso me asegurara el encontrarnos nuevamente allí donde tantas otras veces nos hemos visto, lo resiste manifestando brutalidades tales como
-ya estoy viejo para andar de fiesta
-ya no apetece salir tanto y eso lo va haciendo la edad
No sabe el daño que hace ni que estoy llorando tragándome los mocos y su ausencia porque se ha desconectado sin más dejándome una pregunta sin responder en el aire y la pantalla. Este ser desconoce, no le importa o no se cree lo mucho que le quiero ni que podría ser mucho más si se dejara. No entiende mis prisas ni mis ganas de acercarlo, se conecta de nuevo y lo neutraliza hablándome pero tardando más aún que otras veces en contestar. Quizá ni siquiera sospecha que sus muchas huidas me hacen rendirme ni que le quiero más de lo que nunca pensé querer cuando después digo
-bueno, ya veo que tampoco te apetece hablar, no hay problema.
Ni este ser ni ningún otro es capaz de descifrar lo que verdaderamente encierra una frase mía de este calibre tan lejos del reproche, por lo que me seco las lágrimas viendo cómo se desconecta de nuevo ante mis ojos y mi última pregunta mientras me digo en silencio que jamás volveré a interrumpir sus conexiones. Un par de minutos después yo también salgo del chat, porque lo último que pretendo es que aparezca un feo en ese momento dándome conversación.
Pero este ser, siempre ajeno a la discusión y el agravio, continúa en su hipotético plan de no dejar nunca de sorprenderme por lo que, mientras me hallo escupiendo mi disgusto aún frente a la pantalla, me envía el siguiente mensaje post desconexión despejando todas y cada una de mis dudas
-estaba en sevilla de todas formas hace mucho que no voy al F. no es que no me apetezca hablar es que he tenido que ir al servicio
Puro, natural, verdadero, auténtico, propio, acreditado, legítimo, real, en una palabra: genuino.
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