Cuando más la necesitaba me abandonó como a la colilla de un cigarro, sólo le faltó pisarme la cabeza. Y yo, que no sabía con qué clase de imbéciles me estaba acostando ni sabía dónde tenía la cabeza ni qué estaba haciendo con mi vida, entonces sentí en aquel abandono que ya nada volvería a ser igual y algo dentro de mí, muy dentro y muy roto, se encarga de recordármelo. Ahora, ahora que han pasado los años, ahora que aquél por quien me abandonó como a la colilla de un cigarro no quiere acompañarla, ahora que sufre multiplicada por tres la ansiedad que yo tuve aunque no lo sepa, ahora que está más sola que el aeropuerto de Ciudad Real, ahora va a pagarme unos días de playa en Almería.
Sí, la Sandra va a pagar nuestro viaje a la playa y ahora también me dice todo aquello que yo quiero oír. Como todo lo que dice es espléndido yo le pido con la boca pequeña que no me regale los oídos y ella, con su boca de chupar pollas, insiste en regalarme el viaje. Quizá piensa que es el precio que ha de pagar por haberme abandonado como a la colilla de un cigarro cuando más la necesitaba. El dinero maneja el mundo pero no mis pensamientos, ni ahora ni nunca, aunque ella no lo sepa. Ahora me vuelve a llamar un par de veces diarias y ahora casi nunca contesto, pero no se cansa de hacerme favores ni de decirme todo aquello que quiero oír.
La vida, que ahora tengo más claro el qué no hacer con ella, a veces tiene estas cosas y te atraviesa en el camino a toda clase de egoístas para que te entiendas con ellos. El entendimiento con un egoísta no es muy complicado, tan sólo hay que hacer visible el egoísmo propio multiplicado por cinco. Todo egoísta es probable que también sea un poco gilipollas por lo que le costará distinguir el egoísmo ajeno por más que éste se multiplique. A medida que se recuerdan egoísmos pasados, el egoísmo propio crece y esto suma para que la vida se plague de gilipollas. Si la Sandra quiere pagar, que pague; no soy tan gilipollas como para no aceptar.
Cuando me esté ennegreciendo boca abajo sobre la esterilla playera, me va a faltar tiempo para colocarme las gafas de sol y preguntarle si tengo su casa a disposición para cuando Ángel quiera verme el color del tanga. Cuando no tenga ganas de liarme un cigarro cogeré uno de su paquete sin dejar de escuchar todo aquello que quiero oír. Cuando regresemos de la playa le pediré también que me tiña el pelo en las mismas condiciones gratuítas y así haré sucesivamente con todo aquello que se me antoje porque, si me pongo, a egoísta no me gana nadie.
El perdón está muy bien, sí, no me canso de decirlo, pero mejor está guardado para cuando haga más falta. Bastante del mismo tuve que usarlo hace unos días con el hermano de Elfeo, cuya foto y nuestras correspondientes sonrisas no serán de dominio público porque el flash automático de su teléfono -tal y como me percaté- no funciona y se dio cuenta al día siguiente. Se merece todo el perdón del mundo, la intención es lo importante y su idea de retratarnos fue cojonuda. Para repartir más perdón primero tengo que acumularlo y seguro que habrá tiempo y necesidad de repartirlo.
13 de septiembre de 2012
22 de agosto de 2012
Un poco de pan, un poco de agua fresca,
la sombra de un árbol y tus ojos.
Ningún sultán más feliz que yo.
Ningún mendigo más pobre.
Omar Khayyan, en la voz del Camarón de la Isla
Soy consciente de que no sabe cuántas son las veces que me sorprende. Lo hace constantemente, aunque cuando lo busca a propósito no suele conseguirlo o simplemente se contradice en el intento. En esta ocasión aparece entre la multitud, como ya hiciera otras veces, acercándose a mí muy sonriente alumbrándome la noche. Desde entonces ya no he vuelto a estar a oscuras y él solito se va encargando de impresionarme una vez detrás de otra. La verdadera sorpresa en mi rostro le agrada, le hace sonreír de tal modo que bien podría vender pasta de dientes y yo se la compraría toda.
Se las ingenia de forma que soy incapaz de despegar mis ojos de sus labios, unos labios que no dejan de hablarme. Labios perfectos en simetría, forma y textura que ahora parece que tienen que decirme muchas cosas y todas estupendas. La verdad es que no se calla mientras sus labios se abren y se cierran en una impecable continuidad de placer para mi vista. El universo se me concentra en un labio inferior que quiero volver a morder y uno superior que da gusto verlo. No existe un mentón semejante al suyo en toda castilla la mancha y los molinos que forman sus ojeras me traen el aire de otras noches en las que no conseguía dormirme pensándole.
Mientras sigue hablando de lo que no importa me entran ganas de abrazar cada una de sus palabras, que según salen de su boca se convierten en melodía para mis oídos. También se encarga de acercar un par de veces su oreja a mis labios, para que yo la roce con ellos mientras hablo como es costumbre. Y tiene canas, muchas, entre quince y dieciocho sobre la parte inferior de la patilla izquierda. No sabía que fuesen tantas, aunque ya me había advertido que tenía. Muchas cosas de las que dice ya me las había dicho, pero yo no le digo nada al respecto porque quiero que se quede allí siempre repitiendo lo que quiera.
Esta vez ha venido para quedarse y no parece que se vaya a ir nunca. Me resulta increíble que así sea y en ocasiones no sé dónde mirar no vaya a ser que me le aprenda. No tiene prisa, aunque las manecillas del reloj no se estén quietas, aunque se hagan silencios de ocho segundos y aunque el viernes le pida que me invite a una copa o el sábado sus amigos pretendan llevarle con ellos. Él, en su afán de continuación, saca un billete de veinte para pagar lo que he dicho que voy a beber más su whisky mientras me acompaña tranquilamente a la barra, y a sus amigos les indica que pueden marcharse sin él porque está hablando conmigo.
Por si no ha quedado claro, el viernes deposita en mi mano izquierda su ya media copa pidiéndome que la cuide mientras se marcha al baño y, como no me inmuto cuando la recoge aunque se ponga a bailar con otras, más tarde le tengo allí otra vez pidiéndome que le lleve a casa porque nos vamos, somos cuatro y soy yo quien lleva las llaves en la mano. No tengo intenciones de llevarle a ningún sitio, es muy tarde y me niego, pero aún así nos acompaña simpático. Unos trescientos metros más allá, al localizar mi coche, vuelve a pedirme que le lleve a casa pero sigo negándome. Nos separamos y me despide con la mano, no sin antes preguntarme si volveré mañana. Yo pienso en echar a volar mientras mis acompañantes, rezagados, se acercan.
Como es imposible que haya alguien con más ganas de follar que yo en veinticinco kilómetros a la redonda, la noche del sábado regreso al mismo sitio. Él revolotea a mi alrededor como lo hacen las mariposas en el estómago y cuando considero que ya es suficiente me quedo un instante sola para que se arrime a mí nuevamente como la noche anterior. Va a quedarse allí conmigo hasta que no tenga más remedio que separarse ya que vendrán a recogerme de su lado cuando esté amaneciendo. Para esta noche me tiene reservadas varias sorpresas más, entre ellas dos supuestas hembras de marihuana en la terraza de su nuevo piso.
Las sorpresas se hacen extensivas y todo fluye, incluyendo nuestras pupilas. De esta forma, fluimos de forma fluida todo lo que se puede llegar a fluir sin tocar y observo que si no es capaz de sostenerme la mirada sonríe hablándole al infinito. Cuando más feliz estoy enfrascada en no se qué conversación de retinas aparece el hermano de Elfeo mostrándome su deseo de hacernos una foto a todos los que allí quedamos. A mí me encanta la idea, cosa que no se le había ocurrido a Mario ni a nadie de los que ya se han ido. Bea, que asombrosamente decidió quedarse, se arrima a mi lado derecho para la foto puesto que de mi lado izquierdo Ángel no se separa.
Mientras se me va la vida preguntando al hermano de Elfeo por qué no hemos visto saltar el flash, escucho cómo Él obedece cuanto éste le dice entregando muy diligente su nombre y su apellido para el posterior, y yo espero que futuro y real, etiquetado. Al poco rato, Bea nos interrumpe pidiendo perdón porque quiere fumar o porque quiere interrumpir y ser perdonada. Después, Elfeo mismo nos interrumpe de nuevo porque el sol nos va a dar en la cara y él es quien conduce. Es ahí cuando Ángel considera que ya debe marcharse, cosa que no hace hasta que somos nosotros los que hacemos intención de alejarnos.
También guarda estupideces en la reserva. Cuando le pregunté el viernes por el nuevo piso me indicó que aún no tiene internet y añadió -sin habérselo preguntado- que este es el motivo por el cual no había hecho fiesta ni había vuelto a hablarme de ella. Su idea era convocarnos a todos con un solo párrafo. Explicó, divertido, que no tiene línea de teléfono ni tampoco ganas de llamar con el móvil a nadie por lo que decidió no hacerla. Y yo, que me he ido gastando los reproches hasta quedarme sin ninguno pero a chula no me gana, opté por mentirle no recordando fiesta ninguna. Esto pareció alterarle y conseguí con ello saborear por primera vez una mentira.
Ningún sultán más feliz que yo.
Ningún mendigo más pobre.
Omar Khayyan, en la voz del Camarón de la Isla
Soy consciente de que no sabe cuántas son las veces que me sorprende. Lo hace constantemente, aunque cuando lo busca a propósito no suele conseguirlo o simplemente se contradice en el intento. En esta ocasión aparece entre la multitud, como ya hiciera otras veces, acercándose a mí muy sonriente alumbrándome la noche. Desde entonces ya no he vuelto a estar a oscuras y él solito se va encargando de impresionarme una vez detrás de otra. La verdadera sorpresa en mi rostro le agrada, le hace sonreír de tal modo que bien podría vender pasta de dientes y yo se la compraría toda.
Se las ingenia de forma que soy incapaz de despegar mis ojos de sus labios, unos labios que no dejan de hablarme. Labios perfectos en simetría, forma y textura que ahora parece que tienen que decirme muchas cosas y todas estupendas. La verdad es que no se calla mientras sus labios se abren y se cierran en una impecable continuidad de placer para mi vista. El universo se me concentra en un labio inferior que quiero volver a morder y uno superior que da gusto verlo. No existe un mentón semejante al suyo en toda castilla la mancha y los molinos que forman sus ojeras me traen el aire de otras noches en las que no conseguía dormirme pensándole.
Mientras sigue hablando de lo que no importa me entran ganas de abrazar cada una de sus palabras, que según salen de su boca se convierten en melodía para mis oídos. También se encarga de acercar un par de veces su oreja a mis labios, para que yo la roce con ellos mientras hablo como es costumbre. Y tiene canas, muchas, entre quince y dieciocho sobre la parte inferior de la patilla izquierda. No sabía que fuesen tantas, aunque ya me había advertido que tenía. Muchas cosas de las que dice ya me las había dicho, pero yo no le digo nada al respecto porque quiero que se quede allí siempre repitiendo lo que quiera.
Esta vez ha venido para quedarse y no parece que se vaya a ir nunca. Me resulta increíble que así sea y en ocasiones no sé dónde mirar no vaya a ser que me le aprenda. No tiene prisa, aunque las manecillas del reloj no se estén quietas, aunque se hagan silencios de ocho segundos y aunque el viernes le pida que me invite a una copa o el sábado sus amigos pretendan llevarle con ellos. Él, en su afán de continuación, saca un billete de veinte para pagar lo que he dicho que voy a beber más su whisky mientras me acompaña tranquilamente a la barra, y a sus amigos les indica que pueden marcharse sin él porque está hablando conmigo.
Por si no ha quedado claro, el viernes deposita en mi mano izquierda su ya media copa pidiéndome que la cuide mientras se marcha al baño y, como no me inmuto cuando la recoge aunque se ponga a bailar con otras, más tarde le tengo allí otra vez pidiéndome que le lleve a casa porque nos vamos, somos cuatro y soy yo quien lleva las llaves en la mano. No tengo intenciones de llevarle a ningún sitio, es muy tarde y me niego, pero aún así nos acompaña simpático. Unos trescientos metros más allá, al localizar mi coche, vuelve a pedirme que le lleve a casa pero sigo negándome. Nos separamos y me despide con la mano, no sin antes preguntarme si volveré mañana. Yo pienso en echar a volar mientras mis acompañantes, rezagados, se acercan.
Como es imposible que haya alguien con más ganas de follar que yo en veinticinco kilómetros a la redonda, la noche del sábado regreso al mismo sitio. Él revolotea a mi alrededor como lo hacen las mariposas en el estómago y cuando considero que ya es suficiente me quedo un instante sola para que se arrime a mí nuevamente como la noche anterior. Va a quedarse allí conmigo hasta que no tenga más remedio que separarse ya que vendrán a recogerme de su lado cuando esté amaneciendo. Para esta noche me tiene reservadas varias sorpresas más, entre ellas dos supuestas hembras de marihuana en la terraza de su nuevo piso.
Las sorpresas se hacen extensivas y todo fluye, incluyendo nuestras pupilas. De esta forma, fluimos de forma fluida todo lo que se puede llegar a fluir sin tocar y observo que si no es capaz de sostenerme la mirada sonríe hablándole al infinito. Cuando más feliz estoy enfrascada en no se qué conversación de retinas aparece el hermano de Elfeo mostrándome su deseo de hacernos una foto a todos los que allí quedamos. A mí me encanta la idea, cosa que no se le había ocurrido a Mario ni a nadie de los que ya se han ido. Bea, que asombrosamente decidió quedarse, se arrima a mi lado derecho para la foto puesto que de mi lado izquierdo Ángel no se separa.
Mientras se me va la vida preguntando al hermano de Elfeo por qué no hemos visto saltar el flash, escucho cómo Él obedece cuanto éste le dice entregando muy diligente su nombre y su apellido para el posterior, y yo espero que futuro y real, etiquetado. Al poco rato, Bea nos interrumpe pidiendo perdón porque quiere fumar o porque quiere interrumpir y ser perdonada. Después, Elfeo mismo nos interrumpe de nuevo porque el sol nos va a dar en la cara y él es quien conduce. Es ahí cuando Ángel considera que ya debe marcharse, cosa que no hace hasta que somos nosotros los que hacemos intención de alejarnos.
También guarda estupideces en la reserva. Cuando le pregunté el viernes por el nuevo piso me indicó que aún no tiene internet y añadió -sin habérselo preguntado- que este es el motivo por el cual no había hecho fiesta ni había vuelto a hablarme de ella. Su idea era convocarnos a todos con un solo párrafo. Explicó, divertido, que no tiene línea de teléfono ni tampoco ganas de llamar con el móvil a nadie por lo que decidió no hacerla. Y yo, que me he ido gastando los reproches hasta quedarme sin ninguno pero a chula no me gana, opté por mentirle no recordando fiesta ninguna. Esto pareció alterarle y conseguí con ello saborear por primera vez una mentira.
10 de agosto de 2012
Pastillas de freno
Continúo sintiendo chispazos de magia cósmica que escapan a la lógica y al sentido de la realidad aparente. Esto del querer y del perdonar sigue estando muy bien, aunque ya ví asomar uno de los contras la otra noche cuando no se me ocurrió otra cosa que acercarme a saludar al Rufo y preguntarle por Ángel. Me dijo lo que yo ya sabía, que no estaba allí, y añadió que estaba en otro sitio.
Tanto querer y tanto cosmos no sirven para nada si me atengo a los hechos. De qué me vale que me invite a una fiesta si luego no concreta nada, yo quiero verle concretar entre mis piernas pero él sale por otro sitio. No voy a tener sistema solar en el que resguardarme como le encuentre con otra y se me cae el firmamento encima solo con pensarlo. Mi intuición y la parte trasera de mi coche me dicen que no está viéndose con nadie, pero los hechos se empeñan en convertir esto en polvo de estrellas.
Vamos a acabar viéndonos unos trescientos cincuenta días después, y será en el mismo sitio donde nos conocimos revolcándonos por el suelo la primera de las veces. Hace tanto tiempo que quizá ya nos tenga en el olvido y a mí no me sirve de nada tener todo tan presente.
La Sandra, a quien perdoné hace un par de semanas, sigue saliendo con uno de sus primos. Lleva más de un año diagnosticada con ansiedad y distintas fobias, entre ellas la del terror a la caravana de tráfico. Pues bien, es Ángel y no otro quien la sirve -al parecer, ignorando su problema- de acompañamiento en carretera y ella le sigue detrás con los ojos clavados en su matrícula y a veces le llama por teléfono para preguntarle si piensa tomar algún desvío. Ella me dice que él es bueno y que no tiene maldad, y como vive rodeada de miedos dice que posiblemente Ángel tiene miedo de enamorarse y vivir sufriendo.
Ya sabía yo que el miedo no tardaría en aparecer y lo que ella dice es una posibilidad que siempre he contemplado. Es muy difícil hacer que alguien salga de semejantes pensamientos, yo misma he pasado por eso: por el amor que duele y por la ansiedad, y tuve que salir sola como siempre. Ya no tengo miedo de nada más que mis pensamientos. No sé si será consciente que si le perdono mucho es porque le quiero más, probablemente no se habrá parado a pensarlo mientras sigue su camino a alguna parte.
Tanto querer y tanto cosmos no sirven para nada si me atengo a los hechos. De qué me vale que me invite a una fiesta si luego no concreta nada, yo quiero verle concretar entre mis piernas pero él sale por otro sitio. No voy a tener sistema solar en el que resguardarme como le encuentre con otra y se me cae el firmamento encima solo con pensarlo. Mi intuición y la parte trasera de mi coche me dicen que no está viéndose con nadie, pero los hechos se empeñan en convertir esto en polvo de estrellas.
Vamos a acabar viéndonos unos trescientos cincuenta días después, y será en el mismo sitio donde nos conocimos revolcándonos por el suelo la primera de las veces. Hace tanto tiempo que quizá ya nos tenga en el olvido y a mí no me sirve de nada tener todo tan presente.
La Sandra, a quien perdoné hace un par de semanas, sigue saliendo con uno de sus primos. Lleva más de un año diagnosticada con ansiedad y distintas fobias, entre ellas la del terror a la caravana de tráfico. Pues bien, es Ángel y no otro quien la sirve -al parecer, ignorando su problema- de acompañamiento en carretera y ella le sigue detrás con los ojos clavados en su matrícula y a veces le llama por teléfono para preguntarle si piensa tomar algún desvío. Ella me dice que él es bueno y que no tiene maldad, y como vive rodeada de miedos dice que posiblemente Ángel tiene miedo de enamorarse y vivir sufriendo.
Ya sabía yo que el miedo no tardaría en aparecer y lo que ella dice es una posibilidad que siempre he contemplado. Es muy difícil hacer que alguien salga de semejantes pensamientos, yo misma he pasado por eso: por el amor que duele y por la ansiedad, y tuve que salir sola como siempre. Ya no tengo miedo de nada más que mis pensamientos. No sé si será consciente que si le perdono mucho es porque le quiero más, probablemente no se habrá parado a pensarlo mientras sigue su camino a alguna parte.
15 de julio de 2012
Mi espíritu imperecedero
Considero que estoy creciendo espiritualmente, ya era hora.
Los últimos acontecimientos aquí descritos y las renovadas emociones que siento dentro del corazón me llevan a esa conclusión. Veo mejor con el ventrículo izquierdo que con las gafas puestas. Creo también que no existe un ser sobre la faz de la tierra que consiga hacer replantearme éste, mi espíritu infinito. Ya amenacé, no hace mucho tiempo, con perdonar a diestro y siniestro la estupidez del prójimo así como encaramarme en la esperanza para ya nunca más volver a bajar. Ahora escribo esto desde esa perspectiva y sintiendo el frío de cada baldosa bajo mis pies descalzos.
Logro distinguir más claramente la importancia de cada una de las cosas que suceden a mi alrededor. Puedo comprender, por ejemplo, que algunas de ellas no importan absolutamente nada y que entonces nada pierdo por dejarlas atrás allá en lo oscuro. Ni la misma hipocresía de frente consigue ahora alterarme, algo sensacional teniendo en cuenta ciertos precedentes. Soy ya más consciente de lo que realmente significo y sé que valgo lo que no está escrito.
Partiendo de la base que la intención es algo primordial, no tengo ningún propósito en volverme atrás. Dicho esto, añado que así será haya o no fiesta. El miedo con sus cuernos puede aparecer de nuevo, no lo descarto, pero el miedo es la antítesis del amor y tengo muy presente que lucharé hasta llenarme de esto último. Así me vea sola en el continente aprenderé el idioma de las flores y disfrutaré la fotosíntesis.
Quizá continúo aún lejos del equilibrio, pero más lejos están ya las tinieblas y las ganas de morir. En ocasiones soy capaz de percibir la mentira con sorprendente facilidad y pronto conseguiré pintar la verdad de colores para alegrarme la vista. El amor que se reprime es el dolor que se arrastra y ya no me cabe ninguna duda al respecto, sólo tengo que averiguar cómo puedo escribir sobre el teclado y brincar de alegría al mismo tiempo.
Los últimos acontecimientos aquí descritos y las renovadas emociones que siento dentro del corazón me llevan a esa conclusión. Veo mejor con el ventrículo izquierdo que con las gafas puestas. Creo también que no existe un ser sobre la faz de la tierra que consiga hacer replantearme éste, mi espíritu infinito. Ya amenacé, no hace mucho tiempo, con perdonar a diestro y siniestro la estupidez del prójimo así como encaramarme en la esperanza para ya nunca más volver a bajar. Ahora escribo esto desde esa perspectiva y sintiendo el frío de cada baldosa bajo mis pies descalzos.
Logro distinguir más claramente la importancia de cada una de las cosas que suceden a mi alrededor. Puedo comprender, por ejemplo, que algunas de ellas no importan absolutamente nada y que entonces nada pierdo por dejarlas atrás allá en lo oscuro. Ni la misma hipocresía de frente consigue ahora alterarme, algo sensacional teniendo en cuenta ciertos precedentes. Soy ya más consciente de lo que realmente significo y sé que valgo lo que no está escrito.
Partiendo de la base que la intención es algo primordial, no tengo ningún propósito en volverme atrás. Dicho esto, añado que así será haya o no fiesta. El miedo con sus cuernos puede aparecer de nuevo, no lo descarto, pero el miedo es la antítesis del amor y tengo muy presente que lucharé hasta llenarme de esto último. Así me vea sola en el continente aprenderé el idioma de las flores y disfrutaré la fotosíntesis.
Quizá continúo aún lejos del equilibrio, pero más lejos están ya las tinieblas y las ganas de morir. En ocasiones soy capaz de percibir la mentira con sorprendente facilidad y pronto conseguiré pintar la verdad de colores para alegrarme la vista. El amor que se reprime es el dolor que se arrastra y ya no me cabe ninguna duda al respecto, sólo tengo que averiguar cómo puedo escribir sobre el teclado y brincar de alegría al mismo tiempo.
22 de junio de 2012
Amo a Laura pero esperaré hasta el matrimonio
Ahora resulta que Él pensava, porque él piensa, que no me gustaba madrid. Estuvo encantadoramente simpático y me da la risa. No sabía qué contarle y fue él quien se encargó de hacerme una pregunta detrás de otra. Tiene muy buena memoria para lo que quiere. Ha nacido para asombrarme y punto y aparte.
Hasta ahora mi regreso a madrid representaba lo irremediable, un cambio lleno de alicientes y ninguno de ellos positivo, un futuro más bien negro. Hasta que apareció Él, dirigiéndose a mí pasada la media noche, saludándome, preguntándome e invitándome a su fiesta. Ha nacido para asombrarme y no sé cuántas veces debo decirlo.
Pues sí. Podría celebrar su traslado de piso, que no de barrio, acudiendo a un club de alterne o follándose a alguna amiga en la cocina o en su nueva y seguramente más amplia habitación. Podría trasladarse sin más a las profundidades de Carabanchel sin la necesidad de tenerme al corriente de ello y de quién va a utilizar el baño a diario. Podría ser el fin pero no.
Estoy invitada a pisar los baldosines de su nuevo piso, algo absolutamente sorprendente que dejó caer tras un por cierto sin motivo ninguno pero girando eficazmente no se qué conversación. Insistió después en ello para que quedase claro, dijo que lo pasaremos bien en la fiesta y me repitió que ya me dirá la fecha. Si finalmente va a facilitarme una dirección falsa o se va a olvidar de lo dicho está por ver.
Desde luego este Ángel nada tiene que ver con ese otro bastardo que preguntó en marzo que es lo que haces enfermeria. No sé cuál de los dos es el real, si son los dos o ninguno, ambos le habitan y se plantan ante mí como si tal cosa. No puedo fiarme de él, pero de eso y de su perpétua desconfianza tampoco hemos hablado esta vez. Estuvo encantadoramente simpático y esta risa no me deja pensar con claridad.
Por momentos imagino que entro por aquella puerta en chanclas y sin depilar para no caer en tentaciones. Otras veces estoy saltando sobre su rabo y sobre una cama de noventa. Ideo que la fiesta se celebra un martes y le digo que no voy porque tengo una boda. Me veo también buscando un portal inexistente de una calle a la cual me he acercado andando. Me pregunto una y mil veces qué es lo que ha pasado para que todo cambie, aunque no creo que acuda nadie a explicármelo.
Hasta ahora mi regreso a madrid representaba lo irremediable, un cambio lleno de alicientes y ninguno de ellos positivo, un futuro más bien negro. Hasta que apareció Él, dirigiéndose a mí pasada la media noche, saludándome, preguntándome e invitándome a su fiesta. Ha nacido para asombrarme y no sé cuántas veces debo decirlo.
Pues sí. Podría celebrar su traslado de piso, que no de barrio, acudiendo a un club de alterne o follándose a alguna amiga en la cocina o en su nueva y seguramente más amplia habitación. Podría trasladarse sin más a las profundidades de Carabanchel sin la necesidad de tenerme al corriente de ello y de quién va a utilizar el baño a diario. Podría ser el fin pero no.
Estoy invitada a pisar los baldosines de su nuevo piso, algo absolutamente sorprendente que dejó caer tras un por cierto sin motivo ninguno pero girando eficazmente no se qué conversación. Insistió después en ello para que quedase claro, dijo que lo pasaremos bien en la fiesta y me repitió que ya me dirá la fecha. Si finalmente va a facilitarme una dirección falsa o se va a olvidar de lo dicho está por ver.
Desde luego este Ángel nada tiene que ver con ese otro bastardo que preguntó en marzo que es lo que haces enfermeria. No sé cuál de los dos es el real, si son los dos o ninguno, ambos le habitan y se plantan ante mí como si tal cosa. No puedo fiarme de él, pero de eso y de su perpétua desconfianza tampoco hemos hablado esta vez. Estuvo encantadoramente simpático y esta risa no me deja pensar con claridad.
Por momentos imagino que entro por aquella puerta en chanclas y sin depilar para no caer en tentaciones. Otras veces estoy saltando sobre su rabo y sobre una cama de noventa. Ideo que la fiesta se celebra un martes y le digo que no voy porque tengo una boda. Me veo también buscando un portal inexistente de una calle a la cual me he acercado andando. Me pregunto una y mil veces qué es lo que ha pasado para que todo cambie, aunque no creo que acuda nadie a explicármelo.
6 de junio de 2012
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
Tal vez si me concentro mucho o se lo pido a dios logre salir de mí misma y ver las cosas de diferente manera. Por el momento no lo he intentado.
Si todo continúa según lo previsto mañana me marcharé definitivamente de Córdoba, aunque a mí me da igual estar aquí que estar en Marte. De hecho, al pensarlo seriamente y ya lo he hecho varias veces, no quiero vivir en ningún sitio. Prefiero seguir soñando con Barcelona o La Habana antes que intentarlo. Lo intentaré en Cáceres o volveré a Madrid, aunque ahora prefiero no pensar en esto ya que primero viviré una semana en la casa del pueblo mirándome el ombligo.
Sin ilusión y sin esperanza al parecer no se puede vivir, pero el caso es que a mí no hay quien me mate. Y todo transcurre demasiado rápido; Mario se rodea de nuevas compañías femeninas que no me interesan lo más mínimo, la novia de Fran creo que me odia en silencio y César trabaja y estudia para ser un gran médico. Dudo mucho que alguna de estas distancias cambie y, al contrario de lo que me ocurría en otras épocas, una tranquilidad inusual me invade. Sin ilusión y sin esperanza, pero me invade. Quizá esto se llame resignación o quizá no, muy posiblemente no.
Ayer envié un mensaje a María, la persona que más cerca he tenido durante mi estancia aquí. En el mensaje yo proponía para hoy tomarnos algo juntas indicando claramente que mañana me marcho. Ella contestó pasadas un par de horas haciéndome una batería de preguntas de todo aquello que a ella le interesa y mi marcha definitiva no era una de ellas. Contesté a todas sus preguntas porque han sido varios los favores que ella me ha hecho y cuando se hizo el silencio cerré la conversación sin despedirme.
Es muy posible que yo olvide pronto esos favores, también es muy probable que no tarde en bloquear su presencia en mi chat para evitar el hablar gilipolleces y seguramente pronto olvidaré sus apellidos y su buen humor, pero espero no olvidar esta última conversación con ella puesto que confirma que actuaciones semejantes ya no me afectan en absoluto y es que el no esperar algo/nada de los demás se presenta como la mejor de las opciones.
Creo que no merezco vivir mejor de lo que vivo porque ya que no vivo para mí, no puedo pedir más a la vida.
Si todo continúa según lo previsto mañana me marcharé definitivamente de Córdoba, aunque a mí me da igual estar aquí que estar en Marte. De hecho, al pensarlo seriamente y ya lo he hecho varias veces, no quiero vivir en ningún sitio. Prefiero seguir soñando con Barcelona o La Habana antes que intentarlo. Lo intentaré en Cáceres o volveré a Madrid, aunque ahora prefiero no pensar en esto ya que primero viviré una semana en la casa del pueblo mirándome el ombligo.
Sin ilusión y sin esperanza al parecer no se puede vivir, pero el caso es que a mí no hay quien me mate. Y todo transcurre demasiado rápido; Mario se rodea de nuevas compañías femeninas que no me interesan lo más mínimo, la novia de Fran creo que me odia en silencio y César trabaja y estudia para ser un gran médico. Dudo mucho que alguna de estas distancias cambie y, al contrario de lo que me ocurría en otras épocas, una tranquilidad inusual me invade. Sin ilusión y sin esperanza, pero me invade. Quizá esto se llame resignación o quizá no, muy posiblemente no.
Ayer envié un mensaje a María, la persona que más cerca he tenido durante mi estancia aquí. En el mensaje yo proponía para hoy tomarnos algo juntas indicando claramente que mañana me marcho. Ella contestó pasadas un par de horas haciéndome una batería de preguntas de todo aquello que a ella le interesa y mi marcha definitiva no era una de ellas. Contesté a todas sus preguntas porque han sido varios los favores que ella me ha hecho y cuando se hizo el silencio cerré la conversación sin despedirme.
Es muy posible que yo olvide pronto esos favores, también es muy probable que no tarde en bloquear su presencia en mi chat para evitar el hablar gilipolleces y seguramente pronto olvidaré sus apellidos y su buen humor, pero espero no olvidar esta última conversación con ella puesto que confirma que actuaciones semejantes ya no me afectan en absoluto y es que el no esperar algo/nada de los demás se presenta como la mejor de las opciones.
Creo que no merezco vivir mejor de lo que vivo porque ya que no vivo para mí, no puedo pedir más a la vida.
30 de mayo de 2012
Es un detective de lo más singular
Sigue cualquier pista hasta dar en el clavo. Ha vuelto a las andadas. Lleva dos años buscando la aplicación mágica que le diga quién se dedica a mirar sus fotos y su perfil. Para mí quisiera yo una ingenuidad semejante y no estos quebraderos de cabeza.
He sabido de su propósito sin pretenderlo ya que, aunque llevaba varias semanas sin saltar allá donde no me llaman, hace un par de noches recibí una invitación suya con la aplicación estafa en cuestión. Y digo llevaba porque, en cuanto ojeé dicha invitación, me faltó tiempo para saltar allá y constatar que en las últimas fotos sigue apareciendo junto a fulanita.
Las estafas de este tipo, con el paso del tiempo, se han sofisticado hasta el punto de incluir una falsa imagen donde hacen constar que Catalina entró a mirarte 3 veces hoy, que Raúl ha comentado una foto en la que apareces y que Belinda visitó 7 veces tus fotos en la última semana. Para los ingenuos que pretendan llevar a cabo la aplicación hasta las últimas consecuencias se incluyen también tres pasos que, de cumplirlos a rajatabla según figura en el manual, obrarán el milagro de comenzar a saber quién.
El primer paso dicta que hay que hacer un click en el Me gusta que aparece más abajo, acto que te afilia inmediatamente a una página de vídeos inútiles que nada tienen que ver con el asunto en cuestión. Esto pude constatarlo cuando acudí presurosa a visitar su pared tal y como dije antes.
El segundo paso, por supuesto, dice a los ingenuos y les repite a los más inocentes que han de enviar el esperado milagro a todos sus contactos haciendo un click en la barra azul donde figura Enviar ahora. Evidentemente fue lo que hizo porque de no haberlo hecho yo no me hubiera enterado nunca de todo esto.
Arde en deseos de saber las visitas o no visitas que está teniendo dado que también ha llevado a cabo lo que indica el paso tres: Dar tantos click en Enviar ahora como sean necesarios hasta que se active el programa milagro. Esto lo he sabido esta misma noche cuando, siendo la una menos cinco, he recibido otras dos invitaciones suyas con la misma aplicación estafa.
No está de más recordar al mundo que se trata de un perfecto ingenuo, pero que tonto del todo no es. Son más de las dos y media y ya no hay rastro en su pared de que le guste la página de vídeos inútiles a la cual te lleva irremediablemente el primer paso en la estafa. Esta página de vídeos se llamaba curiosamente QHDP entre exclamaciones y quizá yo también debiera aprender a borrar los malos recuerdos.
Si fuésemos amigos, y dado que es electricista, debería enviarle la única aplicación mágica que funciona realmente para estos casos y que no es otra que la ya creada de Introduce un tenedor en el enchufe y sabrás quién visita tu perfil, con la imagen incluida del proceder esperanzador. Pero como amigos no somos, ni se lo envié hace dos años ni se lo envío ahora dedicándome simplemente a observarlo todo con perplejidad.
He sabido de su propósito sin pretenderlo ya que, aunque llevaba varias semanas sin saltar allá donde no me llaman, hace un par de noches recibí una invitación suya con la aplicación estafa en cuestión. Y digo llevaba porque, en cuanto ojeé dicha invitación, me faltó tiempo para saltar allá y constatar que en las últimas fotos sigue apareciendo junto a fulanita.
Las estafas de este tipo, con el paso del tiempo, se han sofisticado hasta el punto de incluir una falsa imagen donde hacen constar que Catalina entró a mirarte 3 veces hoy, que Raúl ha comentado una foto en la que apareces y que Belinda visitó 7 veces tus fotos en la última semana. Para los ingenuos que pretendan llevar a cabo la aplicación hasta las últimas consecuencias se incluyen también tres pasos que, de cumplirlos a rajatabla según figura en el manual, obrarán el milagro de comenzar a saber quién.
El primer paso dicta que hay que hacer un click en el Me gusta que aparece más abajo, acto que te afilia inmediatamente a una página de vídeos inútiles que nada tienen que ver con el asunto en cuestión. Esto pude constatarlo cuando acudí presurosa a visitar su pared tal y como dije antes.
El segundo paso, por supuesto, dice a los ingenuos y les repite a los más inocentes que han de enviar el esperado milagro a todos sus contactos haciendo un click en la barra azul donde figura Enviar ahora. Evidentemente fue lo que hizo porque de no haberlo hecho yo no me hubiera enterado nunca de todo esto.
Arde en deseos de saber las visitas o no visitas que está teniendo dado que también ha llevado a cabo lo que indica el paso tres: Dar tantos click en Enviar ahora como sean necesarios hasta que se active el programa milagro. Esto lo he sabido esta misma noche cuando, siendo la una menos cinco, he recibido otras dos invitaciones suyas con la misma aplicación estafa.
No está de más recordar al mundo que se trata de un perfecto ingenuo, pero que tonto del todo no es. Son más de las dos y media y ya no hay rastro en su pared de que le guste la página de vídeos inútiles a la cual te lleva irremediablemente el primer paso en la estafa. Esta página de vídeos se llamaba curiosamente QHDP entre exclamaciones y quizá yo también debiera aprender a borrar los malos recuerdos.
Si fuésemos amigos, y dado que es electricista, debería enviarle la única aplicación mágica que funciona realmente para estos casos y que no es otra que la ya creada de Introduce un tenedor en el enchufe y sabrás quién visita tu perfil, con la imagen incluida del proceder esperanzador. Pero como amigos no somos, ni se lo envié hace dos años ni se lo envío ahora dedicándome simplemente a observarlo todo con perplejidad.
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